Tras analizar el artículo de Estefanía Pérez Jiménez,
"Crowdsourcing, traducción colaborativa, comunitaria y CT3" en La linterna del traductor, he llegado a la conclusión de que las nuevas tecnologías, especialmente Internet, están afectando mucho al mundo laboral de la traducción lo que, implícitamente, lleva consigo la polémica.
En primer lugar, hay que explicar que estas nuevas formas de trabajo consisten en traducir entre un grupo de profesionales, voluntarios, lingüistas o usuarios una gran cantidad de contenido que puede estar supervisada por un profesional de la traducción para asegurar la calidad del resultado final (es el caso del crowdsourcing y la traducción colaborativa) o no (como en la traducción comunitaria).
Un ejemplo de traducción mediante crowdsourcing o traducción comunitaria es la que ha llevado a cabo la red social Facebook para traducir sus nuevas aplicaciones, pidiendo voluntarios entre sus usuarios. Otro ejemplo, esta vez de traducción comunitaria, es el subtitulado de películas o series de televisión colgadas en las páginas web.
A priori, quienes más salen ganando con este tipo de sistema de trabajo son las empresas; pues lo que buscan es una traducción rápida y económica y los usuarios, que obtienen el producto final en un periodo de tiempo muy corto y, por lo general, gratis.
Sin embargo, ¿es favorable esto para el traductor profesional? Pues bien, muchos creen que no. En primer lugar, el hecho de que una traducción la realicen "aficionados" sin ningún tipo de supervisión supone que la calidad del producto final no va a ser la mejor. Además, la cantidad de encargos que reciban los traductores profesionales disminuirá.
Por otro lado, la habrá traducciones que nunca se podrán realizar con este tipo de sistemas, como las traducciones muy especializadas, las juradas, las literarias... Lo que supone que los profesionales siempre tendrán un abanico muy amplio de posibilidades.
Otro argumento a favor de estos nuevos métodos es que, cuando surgieron la traducción asistida por ordenador y las memorias de traducción, muchos pusieron el grito en el cielo y, actualmente, son "la mano derecha" de cualquier traductor.
Yo personalmente veo las dos opiniones y considero que ambas tienen parte de razón, pero que Internet es un medio que fomenta este tipo de asociaciones y que, hoy por hoy, es el presente y el futuro de las comunicaciones y, por lo tanto, del mundo profesional en general. En tal caso, creo que lo que los traductores deben (debemos) hacer es abrirnos a las nuevas posibilidades que este medio nos ofrece y tratar de aprovecharnos de ellas, en vez de convertirnos en sus victimas; es decir, sacarles partido para que se vuelvan nuestras aliadas y no nuestras enemigas.
En cualquier caso, habrá que darle tiempo al tiempo y ver qué sucede y si seremos capaces de sobreponernos a esta situación.

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